La Vida es Bella (y compleja)

Foto: Google

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Durante muchos años acompañé procesos de transición laboral de alumnos y egresados de MBA. Recuerdo que la mayoría eran ingenieros y, como característica de su deformación profesional que ellos mismos reconocían, me pedían que ordenara secuencialmente las etapas para buscar trabajo. Como llevaba varios años trabajando en eso sabía que la búsqueda laboral no es un proceso lineal, sino multi-variable, en el que ocurren resultados inesperados de eventos inesperados. Pero recuerdo que me era difícil explicárselo así sin más a mis alumnos ingenieros.  

Por eso al leer la tesis doctoral del médico islandés Fredrik Baathe[1], me vino un flashback inmediato a dicha época. Baathe recurre a la ciencia de la complejidad para construir su marco teórico. Y la ciencia de la complejidad se refiere, según Stacey a fenómenos que no tienen una causalidad lineal y, por tanto, lo impredecible y paradójico es parte constituyente de ellos. En esta categoría entran, por supuesto, los seres humanos. Así, los fenómenos complejos se diferencian de los fenómenos simples y de los complicados. 

Baathe genera una tabla de comparación para entender las diferencias entre los procesos simples, los complicados y los complejos. Según esta, en los fenómenos simples basta seguir las instrucciones para obtener resultados, por ejemplo seguir una receta para preparar pan. Los fenómenos complicados requieren de especialistas para entender y obtener resultados, por ejemplo desarmar un auto. Si se siguen las instrucciones en ambos tipos de fenómenos se obtendrán los resultados esperados. 

Los fenómenos complejos, a diferencia de los simples y complicados, están constituidos por la incertidumbre y lo paradójico, por ejemplo, buscar trabajo, educar a un hijo, tener una conversación de feedback con tus colaboradores. Según Baathe, estos fenómenos no pueden ser reducidos a una receta o un manual porque más bien se destaca el carácter único de cada uno de ellos (cada persona es única) y, por tanto, los resultados no están asegurados, pese a seguir los protocolos. Los fenómenos complejos incorporan la lógica no lineal como parte constituyente, lo que significa que un pequeño cambio puede generar un gran resultado. O no. En los fenómenos complejos cobra especial relevancia el contexto en el que se manifiesta (ese momento y esas circunstancias son únicas). 

Lo trágico es que habitualmente funcionamos queriendo reducir los fenómenos complejos a simples o complicados, e invertimos mucho tiempo en buscar la receta para resolver los problemas de relaciones interpersonales (o de crianza), buscar especialistas en procesos de cambio cultural que nos digan qué hacer dentro de una organización, generar costosas plataformas tecnológicas que nadie utiliza, etc, etc.

Entiendo que los fenómenos complejos nos invitan a estar abiertos y curiosos frente a los desafíos que surgen a cada momento en la vida. Y sobre todo, y parafraseando a Humberto Maturana y a Isabel Behncke, creo que los fenómenos complejos nos invitan a jugar. Sí, a asumir una actitud más lúdica frente a lo que nos ocurre, y cambiar la pregunta desde ¿qué espero yo de esta situación? a ¿qué espera la vida de mí en esta situación?  

Siguiendo la idea, quiero proponer que las prácticas de mindfulness no son una receta para funcionar mejor, sino una metodología para ayudar a manejarse en la incertidumbre y lo inesperado. Como dice un comercial, si te ocurre que te pille preparado.

  

Bruno Solari M.


[1] Physicians’ engagement Qualitative studies exploring physicians’ experiences of engaging in improving clinical services and processes. Institute of Health and Care Sciences Sahlgrenska Academy at the University of Gothenburg