Anti consultor de mindfulness: primeras ideas para un manifiesto

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Por razones que sería largo detallar, la vida me colocó en un punto sin retorno hace cuatro años y no me quedó más que avanzar en lo que venía intuyendo hace un tiempo: si de verdad mi intención era transformar la sociedad (¡intención que sigo manteniendo!), sería necesario llegar a quienes toman las decisiones. Es decir, a los empresarios.

 Por eso motivo fundé la Consultora Mindfulness, para llevar las prácticas de mindfulness al mundo de las organizaciones, la salud y la educación. La siguiente cita de Bernard Glassman, en su libro “Mente de Principiante”, ha sido mi mantra y mi inspiración a lo largo de los años: “La mayoría de nosotros piensa que debemos llegar a ser diestros antes de poder hacer algo. Leemos toda clase de libros, vamos a seminarios, buscamos ayuda “idónea” y así sucesivamente. Y casi nunca llegamos a ejercitar la habilidad que deseamos adquirir, mucho menos a dominarla. El enfoque del cocinero Zen con respecto al aprendizaje es muy diferente. No es el camino del experto sino el camino del novicio. La actitud apropiada para aprender algo se llama Mente de Principiante”(p. 50).

 Entonces, y sin ser especialista en el mundo de los negocios, he ido desarrollando poco a poco (cierto, ¡a veces muy de a poco!) una perspectiva que quiero llamar del anti consultor. Anti consultor porque mi intención siempre ha sido mantener una apertura y curiosidad básicas frente a lo que va ocurriendo con las personas y las organizaciones que comienzan a involucrarse con el mindfulness.

 Estoy consciente que estas prácticas son herramientas muy poderosas y que el hecho de que estén llegando al mundo de las empresas es el comienzo de una profunda revolución, pero al mismo tiempo estoy consciente que el proceso de incorporarlas será lento, tomará mucho tiempo y no será lineal. Recuerdo cuando mi maestro de meditación comentaba que formar una shangha (comunidad de practicantes de meditación) le había tomado 10 años.

 Al actuar desde la mente de principiante como anti consultor, reconocemos que genuinamente no sabemos qué va a ocurrir al implementar prácticas de mindfulness en una organización, incluso podemos reconocer que no sabemos cómo implementarlas. Sí sabemos que traen beneficios y bienestar a las personas. Es más, al mismo tiempo que sabemos que las prácticas de mindfulness son transformadoras, no sabemos qué transformación se comenzará a gatillar.

 Y es que nos enfrentamos acá a una paradoja en la que en el mismo fenómeno se dan contradictoriamente dos aspectos de este en simultáneo, tal como lo describe la ciencia de la complejidad: no es posible incorporar mindfulness en empresas (porque ambas, mindfulness y empresas tienen objetivos muy diferentes) y, al mismo tiempo, sí es posible incorporar mindfulness en organizaciones (porque, en rigor, hay mucha gente que ya lo está haciendo. Y es que los niveles de estrés laboral no hacen más que subir en las empresas en la actualidad). Lo paradójico es que ambas ocurren al mismo tiempo.

 A través de la postura de anti consultor, somos capaces de convivir con esta incertidumbre y apoyar a las personas que se encuentran liderando estos procesos. Traigo a colación lo que escribí hace unas semanas sobre la ciencia de la complejidad (sí, me cito a mí mismo): para abordar los fenómenos humanos no existe una receta unidireccional, sino que es más importante mantenerse abierto, curioso y amable con lo que sea que vaya surgiendo para poder tomar las decisiones más adecuadas, creativas e innovadoras en cada momento.

  

Bruno Solari M.