¿Cómo te ha ido en el trabajo?

 

Como equipo, sabemos que la relación con el trabajo es uno de los aspectos que debemos abordar en la búsqueda de estrategias que nos permitan una vida más balanceada.

Abordar el tema del trabajo implica abordar el impacto de la salud mental en la organización laboral. Y los desafíos son importantes. Las dolencias vinculadas a la salud mental constituyen la primera causa de discapacidad en el mundo. Un cuarto de ellas, puede producir la muerte.

En Chile, las tasas de suicidio han aumentado en un 60% en los últimos 45 años, apenas en segundo lugar tras Corea del Sur, de acuerdo a algunas mediciones.

Aunque en algunos casos los síntomas de algunas dolencias psiquiátricas se presentan antes de los 14 años, en muchos casos, los especialistas llegan tarde a su detección, perjudicando la calidad de vida de las personas afectadas y de su entorno.

Estos datos fueron parte de la ponencia con la que la doctora Claudia Barrera inició el seminario Un diagnóstico a la Salud Mental y Bienestar en el mundo del trabajo organizado por Grupo Cetep, centro dedicado a la salud mental de las personas y organizaciones. Los números impactan, y que nos hacen pensar que el país vive en esta área una silenciosa emergencia sanitaria, que no encuentra su expresión pública, debido a la ausencia de espacios para hablar de salud mental en el país.

El indicador más visible de los desafíos que presenta la salud mental en el ámbito laboral se expresa en las licencias médicas, que no sólo representan la expresión de la dolencia de trabajadores y trabajadoras, sino también un impacto en el valor productivo de las empresas.

Según los números entregados en el seminario, en promedio las organizaciones acusan la pérdida de aproximadamente 16 días laborales en el año por licencias médicas.

Ya que el 20% de ellas no se ajusta a diagnósticos médicos preestablecidos, han entrado en juego los Peritajes de Segunda Opinión Clínica, cuyo objetivo principal es evaluar el impacto funcional secundario que genera una sintomatología dada, emitir pronunciamientos respecto al reintegro laboral de las personas, y generar sugerencias respecto a su reposo.

La dirección médica de la unidad de peritajes clínicos de CETEP distribuyó así las patologías periciadas el 2017: 5% de ellas corresponden a medicina interna, 31% a enfermedades traumatológicas y un mayoritario 64% a patologías psiquiátricas. Los números dan clara cuenta de algunas áreas médicas específicas en las cuales las personas en edad laboral presentan hoy mayores dificultades.

Pero el trabajo no es sólo el ámbito neutro en el que se refleja la salud mental de la población. El médico Christophe Dejours, especialista en la psicodinámica del trabajo, plantea, de forma muy acertada, que el trabajo, como elemento central de nuestra identidad, no puede ser neutro. O favorece nuestra salud mental, o la perjudica. Sobre ese factor, opera además la carga del trabajo y las preocupaciones domésticas, que en muchos casos incrementan el riesgo psicosocial de los trabajadores.

Lo anterior no implica que las dolencias en el área de la salud mental respondan exclusivamente a las dificultades que se experimentan de forma individual. Existe hoy un desequilibrio a favor del desarrollo de programas de prevención y diagnóstico centrados en las personas, como si las organizaciones no necesitaran ellas también constituir espacios que favorezcan la salud mental de sus integrantes. En general, lo que se observa es una resistencia a la innovación también en esta área, pese a que indicadores como la actualización en los protocolos de riesgos psicosociales de la Asociación Chilena de Seguridad, ACHS, establecen que la gestión en esta área implica mejoras en la producción en la empresa, en las condiciones organizacionales y en el bienestar laboral en general.

Habrá momentos, sin embargo, en los cuales se hará necesario pensar en la invalidez laboral por salud mental. El año 2017 se acogieron a pensión por este motivo 19.836 personas, según cifras de la Superintendencia de Pensiones. El 15% de ellas, por enfermedades psiquiátricas. La doctora María Soledad Hevia detalló en su presentación que las pensiones se aprobaban en la presencia de un paciente con un diagnóstico claro, cuyo tratamiento haya sido bien llevado sin posibilidades de ser optimizado, y cuando no se presentan mejoras en determinados plazos. Además, en casos en que los síntomas se presentan de forma al menos moderada, interfiriendo de manera importante en las actividades de la vida diaria. Este impedimento debe ser objetivo y demostrable y las medidas terapéuticas deben estar concluidas. La invalidez laboral debe ser la última de las instancias en la vida de un trabajador, pues su costo psicosocial es irreversible.

Frente a estos antecedentes, queremos apuntar nuestra reflexión en torno a la necesidad de abordar las debilidades que presentan los servicios de salud a cargo de delinear los programas en salud mental. No son pocos los casos de trastornos en salud mental donde los tratamientos son insuficientes, la farmacología no corresponde con la expresión de la patología o la psicoterapia no es un proceso sistemático que acompañe al paciente en su desequilibrio emocional.

Creemos que un tratamiento adecuado, que cuente con el necesario seguimiento y adherencia permitiría mejorar algunos de los números que nos preocupan como sociedad en torno a la salud mental y disminuir su impacto en distintas áreas, incluida la laboral.

El diagnóstico además, nos impulsa a seguir trabajando en el desarrollo de estrategias que, en esta área, nos permitan trabajar con los trabajadores y sus organizaciones, generando instancias de diálogo, de evaluación de riesgos psicosociales y, especialmente, el desarrollo de prácticas de autocuidado que contribuyan a prevenir o diagnosticar a tiempo dolencias que podemos y debemos abordar mejor.

Loreto Molina, Psicóloga, Magister en Mindfulness, Neurociencias y clínica,

Universidad La Sapienza, Roma.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Ministerio de Salud, Superintendencia de Pensiones, ACHS, CETEP.